Algo parecido al amor

Exhibición individual
ICPNA San Miguel, 2026

Foto: Juan Pablo Murrugarrra. Archivo Artes visuales ICPNA

¿Qué se le parece al amor, sino el amor mismo? Para identificar “algo parecido al amor” es necesario saber reconocer al amor. Pero el amor es tanto nuestras versiones idealizadas de él como las vividas, desde las no tan ideales hasta las pesadillescas. Es decir, por momentos el amor puede resultarnos indistinguible de su gemelo malvado. 

La artista, más que hablarnos de los “dobles” del amor nos habla de sus dobleces, sus grietas, esas que nos llevan a preguntemos si eso que vivimos es, realmente, el amor. Pero el campo del amor va más allá de los vínculos erótico-románticos, pues nuestras primeras experiencias afectivas se dan en el seno familiar. Y es precisamente dentro de la familia, cualquiera sea la forma que adopte, que (mal)aprendemos a querer. Nuestros modelos de pareja toman como pauta a nuestros padres, madres, tutores, aquellas personas que se ocupan de criarnos, malcriarnos y también criarnos mal. Fabiola apela a esa memoria recurriendo al archivo fotográfico familiar, recreando escenas de tradiciones domésticas y rituales festivos—siempre atravesados por relaciones de poder—.  

Sus imágenes tienen de descriptivas y evocativas, así como de realistas e irreales, pues remiten al evento pasado, a su frágil recuerdo y a su impronta en el presente. El inventario afectivo del núcleo familiar comprende el cariño, el amor, la necesidad, la dependencia, el control, la rivalidad, el resentimiento, etc.

Esta atención sobre la experiencia vivida hace que la casa sea un elemento central para Fabiola. Materializada como una estructura arquitectónica, esta casa nos convoca como audiencia al demandarnos interactuar con ella para ver los cuadros. Pero esta instalación alude, por extensión, a la estructura emocional que organiza nuestras maneras de relacionarnos con el mundo. 

La instalación cerámica toma su pauta composicional de la figura del reloj, que apunta a la conciencia del paso del tiempo, pero también a la fractura entre lo cuantitativo y lo cualitativo. El tiempo ralentizado de la nostalgia, el instante circular del trauma, la fugacidad del deseo, la eternidad de la falta, dan cuenta de lo irreductible de la experiencia vivida. 

La cortina es otro símbolo recurrente. Esta apunta tanto a la distorsión del recuerdo y los fantasmas de las historias familiares (al hacer de soporte para imágenes de archivo), los mundos imaginarios de ensueños infantiles (convertida en carrusel de sensaciones difusas) y las tensiones entre mostrar y ocultar, entre decir y callar (cuando opera como barrera).

“Algo parecido al amor” gira en torno a la relación que establecemos con el tiempo: el pasado modela nuestro presente, pero también reconfiguramos el pasado a través de los relatos que nos contamos de este mediante nuestros registros, archivos y rituales de la memoria. 

El amor y aquello que se le parece (o sea el amor) es lo que aprendemos en la convivencia y es la convivencia misma, que es la vida. O como decía la filósofa española María Zambrano “Convivir quiere decir sentir y saber que nuestra vida, aun en su trayectoria personal, está abierta a la de los demás”.

 Max Hernández Calvo


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